La escena es universal: cae una gota de lluvia y el teléfono se guarda como si fuera de azúcar. O alguien se acerca a una piscina con el móvil en la mano y, de pronto, camina como si llevara una antorcha olímpica. Lo curioso es que, en paralelo, los fabricantes repiten que los smartphones actuales son más resistentes que nunca.
Te puede interesar: [Así puedes mejorar una de las fotos más difíciles de tomar: las que están en movimiento]
Entonces, ¿en qué quedamos? La respuesta está en el detalle: hay avances reales, pero también una colección de mitos que hacen que muchas personas usen (y arruinen) su teléfono con exceso de confianza.
Mito 1: “Si tiene IP68, el agua ya no le hace nada”
La certificación IP es útil, pero no es un hechizo. IP68, por ejemplo, suele indicar resistencia al polvo y a la inmersión en agua dulce bajo condiciones específicas (tiempo, profundidad y agua quieta). El problema empieza cuando se extrapola esa prueba de laboratorio a la vida real.
Una ducha no es “agua quieta”: hay vapor, presión, cambios de temperatura y jabón. Todo eso puede afectar sellos y adhesivos internos con el tiempo. En otras palabras, un teléfono puede sobrevivir a una inmersión controlada y aun así sufrir en un baño con vapor.
En algunos modelos existe IP69K, que contempla chorros de alta presión y temperaturas elevadas. Si el equipo no tiene esa “K”, conviene entender el mensaje: está mejor preparado que antes, pero no para cualquier escenario.
Mito 2: “¿Se mojó? Al arroz y listo”
Es, probablemente, el consejo más repetido en la historia del internet doméstico. Y también uno de los más engañosos. El arroz puede absorber humedad externa, pero no es una aspiradora de agua interna ni un secador profesional.
Peor aún: el polvo y el almidón pueden terminar dentro de puertos y ranuras. Resultado posible: se arregla el susto, pero se crea un problema nuevo. Si un teléfono se moja, lo más sensato suele ser apagarlo, evitar cargarlo y secarlo por fuera. Luego, según el caso, buscar revisión técnica (especialmente si hubo agua en puertos o el equipo presenta fallas).
Mito 3: “El vidrio es indestructible”
No existe el vidrio indestructible. Lo que sí existe es vidrio más resistente, con mejores tratamientos y estructuras pensadas para reducir daños. Nombres como Gorilla Glass o Victus (según versión) suelen asociarse a mejoras en resistencia a caídas y rayones, pero incluso el mejor vidrio sigue siendo vidrio.
La clave está en cómo se distribuye el impacto: algunos diseños absorben y reparten mejor la fuerza para reducir la probabilidad de una grieta instantánea.
Aun así, el golpe “perfecto” (una esquina, una piedra, una mala caída) puede romper cualquier promesa. Más resistente significa “menos probable”, no “imposible”.
Mito 4: “Si es resistente al agua, entonces puede ir al mar”
Aquí hay una trampa importante: la mayoría de pruebas de resistencia se hacen con agua dulce. El agua salada es corrosiva y puede dejar residuos en puertos, micrófonos y rejillas. Eso puede dañar componentes en poco tiempo.
Si el teléfono cae al mar, incluso con certificación, suele ser mejor actuar rápido: enjuagar con agua dulce (sí, suena contraintuitivo), secar con cuidado y considerar una revisión para descartar corrosión.
Y, sobre todo, recordar el principio básico: la certificación da margen de reacción, no una licencia para bucear.
Mito 5: “Los teléfonos resistentes son gruesos, pesados y feos”
Durante años, esto fue cierto. Los equipos “todoterreno” parecían herramientas industriales. Pero el diseño ha cambiado: hoy existen modelos delgados con protección contra agua y polvo, y materiales que mezclan estética con resistencia.
Eso no significa que todos sean tan duros como un equipo especializado, pero sí que la durabilidad dejó de ser sinónimo de ladrillo. La tecnología avanzó; el mito, no tanto.
Te puede interesar: [¿IA en la música? Esta fue la tajante opinión de una conocida estrella de rock]
Una regla práctica para no caer en la falsa confianza
Los smartphones actuales son más robustos, pero siguen siendo objetos con sellos, puertos y materiales que envejecen. La mejor conclusión es simple: tratar la resistencia como un seguro, no como un superpoder.
Porque el teléfono puede aguantar más… pero el bolsillo generalmente aguanta menos cuando toca reemplazarlo.